Había una vez un joven empresario llamado
Juanjo, cada día era exactamente igual que el anterior, nuestro emprendedor
amigo realizaba su trabajo de forma entusiasta, su vida personal era casi
inexistente, dicha situación no le preocupaba demasiado, debido a que después
de trabajar le esperaba un lúgubre y solitario piso.
Una otoñal mañana Juanjo salió de
casa para ir a trabajar, ese día no pudo coger su autobús habitual, la calle
estaba cortada por obras. Anduvo tres calles más abajo, durante el paseo vio a
una chica menuda, pelirroja, de ojos marrones cargada con unas pesadas bolsas.
Sin
saber muy bien por que se acercó hasta ella y le ofreció su ayuda, ella entre
sorprendida y agradecida aceptó, pues las bolsas pesaban demasiado.
Charlaron durante el trayecto hacia la parada del
autobús, su conservación fue trivial. Una vez en la parada, esperaron que
viniera el autobús, para sorpresa de ambos cogieron él mismo.
Juanjo le echo una mano para subir las bolsas. Ya no hablaban. Al bajarse,
lo hicieron en la misma parada. Juanjo la volvió ayudar. Caminando iban en la
misma dirección. Finalmente llegaron a la c/ Sin Tiempo, nº 12._Bueno aquí ya
no puedo continuar he llegado a mi trabajo _ dijo Juanjo.
_Lo
sé, tú eres el jefe de mi responsable, yo soy su secretaria y estos son todos
los informes que usted le pidió para hoy y yo he supervisado que todos estén
redactados correctamente_, le respondió ella.
Ese día, Juanjo no disfruto tanto de
su trabajo, durante tres años fue el mejor, ascendió, pero no recordaba el
nombre de ninguno de sus compañeros y actualmente solo conocía el nombre de su
secretaria y clientes con quienes trataba diariamente.
Se dio cuenta que estaba solo y los
demás le trataban con distancia, frialdad, porque ante ellos era inaccesible.
Ahora entendía el comportamiento de
absoluta sorpresa de su empleada, aunque para él era una absoluta desconocida,
para ella era su jefe y por primera vez se había dado cuenta de su existencia.
FIN
Actualmente
vivimos muy deprisa, a penas tenemos tiempo para sentarnos y observar lo que
tenemos alrededor. A veces nuestra vida es tan absorbente que ni siquiera
tenemos tiempo para dedicarnos a ver a la persona con quien compartimos
pequeñeces diarias.
Quizá
sería bueno vivir un poco más despacio para apreciar más la vida y mejorar
nuestro concepto del tiempo.
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