Había una vez un niño llamado
Karmidek, vivía con su mama quien estaba muy enferma y su papá en una diminuta
casa, de un pueblo llamado Karmedin. El papá de Karmidek estaba desolado y
triste su mujer se moría y los médicos no podían hacer nada por ella.
Una mañana la mamá de Kardimek le
intento explicar al niño que pronto se marcharía y ya no podría volver.
_ ¿Por qué te vas mamá ya has dejado de quererme?_ preguntó
Kardimek. _
_ No hijo, te amo más que nunca pero mi cuerpo está muy
malito y está dejando de funcionar y mi corazón pronto dejará de latir y mis
ojos se cerraran y ya nunca más volveré a poder utilizar mi cuerpo. Los médicos
lo han intentado pero no pueden curarme _ respondió su madre.
Karmidek no entendía nada. Triste
y confuso se marchó a la habitación.
La mamá y el papá de Karmidek ambos estaban muy preocupados.
No sabían como hacer para que su hijo no sufriera tras la partida de la madre.
Era imposible, con mucho amor y paciencia intentaron explicarle a Karmidek lo
que ocurría.
Le hablaron del ciclo de la vida, de como algunas personas
creían que existía un cielo donde reinaban las almas buenas y que desde allí
vigilaban a sus seres queridos. Pero Kardimak no lo entendía. No sabía porque
su madre se iba y les dejaba solo con su padre, quien últimamente estaba
profundamente triste.
Tras la muerte de su madre,
Karmidek se volvió un niño huraño y solitario.
Su enfado cada vez era mayor, pero no lo mostró a nadie. En
su día a día interactuaba menos, hasta que un día su padre con la comprensión
que hace algún tiempo dejo de acompañarle se sentó frente a su hijo de ocho
años y le hablo de la siguiente manera:
_ Ambos estamos desolados, no entendemos el motivo de su
ida, la razón por la cual nos vemos obligados a continuar cada día sin su
presencia.
Te voy a enumerara las cosas buenas que tenía mamá y quiero
que tú me ayudes a recordar si alguna se me olvida. Cuando acabemos la lista,
veamos cuantos dones poseía. Y si entre los dos observamos que hemos heredado
la mitad de las cosas buenas que ella nos lego en vida. Nos esforzaremos a
diario en cultivarlas y transmitírselas a otras personas. De esta forma ella
seguirá viva en nosotros y siempre la recordaremos.
Karmidek ayudó a su padre a
elaborar la lista. Al principio ambos no encontraban ningún buen recuerdo solo
el dolor de su ausencia.
El papá de Karmidek estalló se enfureció, enloqueció y
finalmente como un niño pequeño lloró desconsoladamente.
Karmidek muerto de miedo, reunió todo el coraje que pudo
sacar de su pequeña persona, abrazo a su padre con todas sus fuerzas y le
preguntó: _ ¿estás bien?
No hubo respuesta su padre seguía llorando. Sin saber como
actuar, se acurrucó junto a él y lloró desconsoladamente.
Sus lágrimas cesaron, seco con sus manos los ojos de su
padre le beso en la frente y le dijo: _ calma cariño, mañana saldrá el sol y
todo será mejor. Es lo que me decía mamá cuanto tenía miedo por la noche.
Su padre le abrazo con fuerza, le dio las gracias y le pidió
perdón por haberle asustado.
Karmidek al ver la pena, el miedo, el enfado de su padre, se
sintió más tranquilo, pues al parecer los sentimientos que él albergaba eran
normales.
Calmados, padre e hijo elaboraron
la lista, a pesar de que su ausencia les producía inmenso dolor estaban
dispuestos a luchar, por llevar una vida feliz.
No siempre resulto sencillo, no siempre las palabras
adecuadas aparecían, pero cuando las cosas se ponían crudas sacaban la lista y
recordaban que una vez un ser maravilloso compartió sus vidas con ellos y
merecía la pena luchar a diario por que sus vidas fueran cada vez más plenas y
dichosas.
Karmidek creció, no siempre su vida fue feliz y dichosa,
pero aprendió que en la vida hay que luchar y seguir adelante,
independientemente de lo dura que sea una situación.
Su madre antes de morir le dijo: _ Te enfadarás conmigo y
con el mundo, pero no dejes de recordar que te amo y te amaré todos los días de
tu vida y mi amor es tan fuerte siempre te ayudará a elegir el camino correcto,
por mucho que tú te empeñes en lo contrario.
Karmidek nunca olvidó sus
palabras y aunque en más de una ocasión decidió coger el camino más fácil, el
recuerdo del amor de su madre, era tan fuerte que lucho y se mantuvo, en el
camino correcto. Convirtiéndose en un cabeza de familia, con un trabajo que le
permitió a él y a su nueva familia a ser felices.
También cuido de su padre, quien por voluntad propia decidió
pasar solo el resto de su vida entregado a él y a su trabajo, sin nadie más,
pues se veía incapaz de amar a otra mujer.
Colorín colorado esta historia ha terminado.
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