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jueves, 15 de marzo de 2012

SIN TIEMPO


Había una vez un joven empresario llamado Juanjo, cada día era exactamente igual que el anterior, nuestro emprendedor amigo realizaba su trabajo de forma entusiasta, su vida personal era casi inexistente, dicha situación no le preocupaba demasiado, debido a que después de trabajar le esperaba un lúgubre y solitario piso.
            Una otoñal mañana Juanjo salió de casa para ir a trabajar, ese día no pudo coger su autobús habitual, la calle estaba cortada por obras. Anduvo tres calles más abajo, durante el paseo vio a una chica menuda, pelirroja, de ojos marrones cargada con unas pesadas bolsas.
            Sin saber muy bien por que se acercó hasta ella y le ofreció su ayuda, ella entre sorprendida y agradecida aceptó, pues las bolsas pesaban demasiado.
            Charlaron  durante el trayecto hacia la parada del autobús, su conservación fue trivial. Una vez en la parada, esperaron que viniera el autobús, para sorpresa de ambos cogieron él mismo.
            Juanjo le echo una mano para  subir las bolsas. Ya no hablaban. Al bajarse, lo hicieron en la misma parada. Juanjo la volvió ayudar. Caminando iban en la misma dirección. Finalmente llegaron a la c/ Sin Tiempo, nº 12._Bueno aquí ya no puedo continuar he llegado a mi trabajo _ dijo Juanjo.
 _Lo sé, tú eres el jefe de mi responsable, yo soy su secretaria y estos son todos los informes que usted le pidió para hoy y yo he supervisado que todos estén redactados correctamente_, le respondió ella.
            Ese día, Juanjo no disfruto tanto de su trabajo, durante tres años fue el mejor, ascendió, pero no recordaba el nombre de ninguno de sus compañeros y actualmente solo conocía el nombre de su secretaria y clientes con quienes trataba diariamente.
            Se dio cuenta que estaba solo y los demás le trataban con distancia, frialdad, porque ante ellos era inaccesible.
            Ahora entendía el comportamiento de absoluta sorpresa de su empleada, aunque para él era una absoluta desconocida, para ella era su jefe y por primera vez se había dado cuenta de su existencia.

FIN


            Actualmente vivimos muy deprisa, a penas tenemos tiempo para sentarnos y observar lo que tenemos alrededor. A veces nuestra vida es tan absorbente que ni siquiera tenemos tiempo para dedicarnos a ver a la persona con quien compartimos pequeñeces diarias.
            Quizá sería bueno vivir un poco más despacio para apreciar más la vida y mejorar nuestro concepto del tiempo.

KARMIDEK


Había una vez un niño llamado Karmidek, vivía con su mama quien estaba muy enferma y su papá en una diminuta casa, de un pueblo llamado Karmedin. El papá de Karmidek estaba desolado y triste su mujer se moría y los médicos no podían hacer nada por ella.

Una mañana la mamá de Kardimek le intento explicar al niño que pronto se marcharía y ya no podría volver.
_ ¿Por qué te vas mamá ya has dejado de quererme?_ preguntó Kardimek. _
_ No hijo, te amo más que nunca pero mi cuerpo está muy malito y está dejando de funcionar y mi corazón pronto dejará de latir y mis ojos se cerraran y ya nunca más volveré a poder utilizar mi cuerpo. Los médicos lo han intentado pero no pueden curarme _ respondió su madre.

Karmidek no entendía nada. Triste y confuso se marchó a la habitación.
La mamá y el papá de Karmidek ambos estaban muy preocupados. No sabían como hacer para que su hijo no sufriera tras la partida de la madre. Era imposible, con mucho amor y paciencia intentaron explicarle a Karmidek lo que ocurría.
Le hablaron del ciclo de la vida, de como algunas personas creían que existía un cielo donde reinaban las almas buenas y que desde allí vigilaban a sus seres queridos. Pero Kardimak no lo entendía. No sabía porque su madre se iba y les dejaba solo con su padre, quien últimamente estaba profundamente triste.

Tras la muerte de su madre, Karmidek se volvió un niño huraño y solitario.
Su enfado cada vez era mayor, pero no lo mostró a nadie. En su día a día interactuaba menos, hasta que un día su padre con la comprensión que hace algún tiempo dejo de acompañarle se sentó frente a su hijo de ocho años y le hablo de la siguiente manera:
_ Ambos estamos desolados, no entendemos el motivo de su ida, la razón por la cual nos vemos obligados a continuar cada día sin su presencia.
Te voy a enumerara las cosas buenas que tenía mamá y quiero que tú me ayudes a recordar si alguna se me olvida. Cuando acabemos la lista, veamos cuantos dones poseía. Y si entre los dos observamos que hemos heredado la mitad de las cosas buenas que ella nos lego en vida. Nos esforzaremos a diario en cultivarlas y transmitírselas a otras personas. De esta forma ella seguirá viva en nosotros y siempre la recordaremos.

Karmidek ayudó a su padre a elaborar la lista. Al principio ambos no encontraban ningún buen recuerdo solo el dolor de su ausencia.
El papá de Karmidek estalló se enfureció, enloqueció y finalmente como un niño pequeño lloró desconsoladamente.
Karmidek muerto de miedo, reunió todo el coraje que pudo sacar de su pequeña persona, abrazo a su padre con todas sus fuerzas y le preguntó: _ ¿estás bien?
No hubo respuesta su padre seguía llorando. Sin saber como actuar, se acurrucó junto a él y lloró desconsoladamente.
Sus lágrimas cesaron, seco con sus manos los ojos de su padre le beso en la frente y le dijo: _ calma cariño, mañana saldrá el sol y todo será mejor. Es lo que me decía mamá cuanto tenía miedo por la noche.
Su padre le abrazo con fuerza, le dio las gracias y le pidió perdón por haberle asustado.
Karmidek al ver la pena, el miedo, el enfado de su padre, se sintió más tranquilo, pues al parecer los sentimientos que él albergaba eran normales.
Calmados, padre e hijo elaboraron la lista, a pesar de que su ausencia les producía inmenso dolor estaban dispuestos a luchar, por llevar una vida feliz.
No siempre resulto sencillo, no siempre las palabras adecuadas aparecían, pero cuando las cosas se ponían crudas sacaban la lista y recordaban que una vez un ser maravilloso compartió sus vidas con ellos y merecía la pena luchar a diario por que sus vidas fueran cada vez más plenas y dichosas.
Karmidek creció, no siempre su vida fue feliz y dichosa, pero aprendió que en la vida hay que luchar y seguir adelante, independientemente de lo dura que sea una situación.
Su madre antes de morir le dijo: _ Te enfadarás conmigo y con el mundo, pero no dejes de recordar que te amo y te amaré todos los días de tu vida y mi amor es tan fuerte siempre te ayudará a elegir el camino correcto, por mucho que tú te empeñes en lo contrario.

Karmidek nunca olvidó sus palabras y aunque en más de una ocasión decidió coger el camino más fácil, el recuerdo del amor de su madre, era tan fuerte que lucho y se mantuvo, en el camino correcto. Convirtiéndose en un cabeza de familia, con un trabajo que le permitió a él y a su nueva familia a ser felices.
También cuido de su padre, quien por voluntad propia decidió pasar solo el resto de su vida entregado a él y a su trabajo, sin nadie más, pues se veía incapaz de amar a otra mujer.

Colorín colorado esta historia ha terminado.

jueves, 2 de febrero de 2012

UN PLANETA CON AGUJEROS

         Había una vez un padre y un hijo que vivían en un calido y agujereado planeta, sus vidas eran sencillas y jamás les faltaba de nada. Un día el niño preguntó al padre:
_ ¿Papá, por qué en un planeta tan grande, viven tan pocas personas?_. El padre respondió a su hijo contándole que hace muchos años, vinieron visitantes de los planetas vecinos, ellos vivían en planetas sin agujeros, con vidas más complicadas. Muchos llenos de curiosidad decidieron emigrar, después jamás ninguno consiguió volver.
         El hijo lleno de curiosidad volvió a preguntar a su padre: _ ¿por qué no pudieron volver?_. A lo que le padre respondió: _no tengo la respuesta a tu pregunta, pero te diré porque me quedé yo.
         El padre narró a su hijo lo siguiente. Aquellos seres hablaba de vidas donde continuamente se conocían cosas nuevas, de experiencias extraordinarias, algunas veces lo pasaban mal, enseguida alguien creaba algo nuevo que les ayudaba a sentirse bien. Cuando el planeta dejaba de ofrecerles bienestar marchaban a otro.
         El padre admitió ante su hijo la fata de valoración de su propia persona y el considerarse una persona  poco sabia, exponiendo a continuación su visión de la vida. Mi planeta es imperfecto lleno de agujeros, cada día cubre todas mis necesidades, trabajo duro a diario con la intención de aprender todo lo posible de lo que me ofrece mi planeta, disfruto de mi familia, de mis amigos. Algún día esos seres volverán par llevarte con ellos, si no lo haces te tacharan de cobarde, tú harás tu elección, yo la respetaré, jamás me marcharé de aquí, no moriré solo porque mi planeta me dará todo lo que necesito. Nunca dejare de amarte aunque te olvides de mí. No seré tan vistoso jamás como otros padres, sin embargo siempre estaré a tu lado aunque te avergüences de mí. Ahora hasta que llegue ese momento y es día vivamos le presente disfrutemos todo lo que podamos y cuidemos el planeta creado por nosotros mismos el cual nos ayuda a ver lo mejor y peor de la vida. Sólo en nosotros está la decisión de con que parte queremos quedarnos.


FIN